10 de octubre de 2010

Vacaciones en Holanda. 3 Rotterdam (I)

dawn naar Den Haag (La Haya, al amanecer)
Un día más, mi reloj biológico me despierta a las 7 en punto. 
Me levanto con cuidado para no despertar a la familia, voy al salón y elijo esta vez un disco de Rufus Wainwright –otro descubrimiento musical para mí-, hijo y hermano de cantantes. Pongo el álbum “Want One”.
Fuera, igual que ayer y seguro que mañana, los coches, 
ciclistas, tranvías, circulan silenciosamente para no molestar. ¡qué detalle¡
Aprovecho para ponerme un primer café que tomo mientras 
curioseo los libros de las estanterías de la cocina de David y Gabriela. Varios libros de recetas para Thermomix –todos regalos de mi suegra, -su tía- pues tengo los mismos y esa debe ser la procedencia, libros de recetas de cocina valenciana, sobre todo, cómo no, de arroces. Y, sorpresa, un libro titulado “Netherlands Cooking History”. 120 páginas. A letra grande y con muchos santos –como diría mi abuelo-. Me lo imaginaba. Entiendo que los restaurantes más concurridos sean los italianos, japoneses, españoles, turcos, árabes,… , eso sí, todos estupendos, mucho más baratos que en Pamplona y con unos camareros que te atienden amablemente (sí, habéis leído bien, ¡Increíble, pero existen¡).
nederlandesa “keuken” (“cocina” holandesa)
El apurado autor del libro, como justificando la poca 
extensión del libro, cuenta cómo la gastronomía holandesa está muy influenciada por la frugalidad y la austeridad dictada por Calvino (¡siempre echando la culpa a los curas¡) frente a la glotonería y gula vaticana (que no es nada malo… ¡simplemente vivían como curas¡) de aquel momento -por no hablar de los otros seis pecados capitales-, pero aquí no estamos para meternos con la iglesia.
Dejando humedades eclesiásticas aparte y entrando en el 
maravilloso mundo del arte, es curioso ver cómo, en cuestión de medio siglo, de las mesas de los cuadros de los grandes pintores de la escuela flamenca desaparecen las jarras de vino, los pavos, los gorrines, los grandes pucheros con exquisitos y sabrosos guisados de caza, y dejan paso a tristes platos de sopa, panes y jarras de agua entorno a las cuales reza piadosamente toda la familia (creo que en esto, además de porque objetivamente es la buena, ¡seguiré siendo de la iglesia católica¡).
Cuenta que libros de buenas costumbre indicaban que 
“(las comidas copiosas) se permitían dentro de las casas y jardines privados siempre que no irritaran a los vecinos con su boato” –¡me imagino yo asando unas chuletillas al sarmiento e intentando que el olorcillo no vaya al vecino para que no se mosquee y se vaya a chivar al párroco o párroca –que las puede haber, y las hay y bien majas, y, en esto, ¡sí que soy calvinista convencido!-.
¡Hasta los romanos se dieron cuenta de que allí no había 
nada que hacer y por eso se vinieron para Hispania: para comer bien, beber mejor, echar la siesta al sol y, de paso, ya que pasaban por aquí y por aprovechar el viaje, llevarse el oro de las médulas leonesas, entre otras cosas-. El pobre Tácito, al que habían mandado de avanzadilla en el año 98 DC, dejó escrito que los habitantes de esas tierras comían fruta fresca, venado y leche coagulada y que serían fácilmente conquistados… ¡si se les daba suficiente cerveza¡ Casi 2000 años después, siguen igual, sin cocina propia y bebiendo mucha cerveza de lo que, eso sí, tienen cientos de clases.
Hace unos años, un osado investigador patrio trato de listar 
comidas que se comieran en las casas de las familias holandesas y, entre las dos más nombradas, estaban: la sopa de lentejas (tiembla Ferrá, tiembla El Bulli, ¡que esta sopa te quita las estrellas michelín de un cacerolazo¡) y la “olipodrigo” que, para que luego se quejen de los desmanes de los tercios del Duque de Alba, no es sino la olla podrida española que comían nuestros sufridos ejércitos entre palo que daban y palo que les daban. Y cuyo nombre no viene de lo que parece sino de olla poderida, olla de los poderosos, por los ilustres sacramentos que llevaba –carnes, chorizo, morcilla, panceta, caza,…- cuando el pueblo debía conformarse con hierbas del campo y verduras.
No me extraña que nuestro amigo Sancho dijera con tanta
alegría a su caballero Don Quijote que “aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y provecho...”
“¡Disculpa, Señor, ya no sé lo que decía, me he vuelto a 
divertir” como decía Santa Teresa digo yo, pues también me distraído mucho entre tanto puchero para realmente concluir –ta, ta, chan¡¡¡ (léase con cara del Mago Juan Tamarit)- que la comida verdaderamente típica holandesa que uno puede comer en los bares y restaurantes de este bello país no son sino los “panenkoken” que, simplificando, es una crepe grande y salada sobre la que se pueden echar diferentes ingredientes (cuatro quesos, pollo a curry,…). Una especie de pizza-crepe que es barata e, importante, gusta a los niños.
Tot rotterdam (a Rotterdam)
Tanto leer de comida mis católicas tripas despiertan, como 
despierta el resto del personal. Preparo unos cafés con leche, unos zumos de naranja y unas tostadas con aceite y jamón ibérico que, como en esto no soy calvinista, ¡que chinche el vecino de envidia¡-.
Tras desayunar, de Laan van Roos en Dorn (calle de la rosa 
y las espinas –que me hace recordar al bardo Sabina y una de sus maravillosas coplillas “…que no te vendan amor sin espinas, que no te duerman con cuentos de hadas, que no te cierren el bar de la esquina”), en tranvía a Den Haag Centraal Station y de ahí en tren a Rotterdam Station Blaak sin incidentes reseñables. Bueno, no tanto. Mala suerte, al llegar a la parada, acaba de pasar el tranvía que nos llevaría al muelle de Rotterdam en donde coger el único barco diario a nuestro destino. El siguiente tranvía pasa a los 15 minutos lo que hace que llegar al muelle antes de que el barco salga es misión olímpica.
de recensent Curaçao (el revisor de CuraÇao)
Llega de nuevo el tranvía número 8 y entramos a saco 
saltándonos el protocolo de “primero los que bajen, luego señoras mayores y niños,…” para no quedarnos fuera que va apretadillo. Cuando vamos a comprar el billete, entre el sofoco y mi falta de profesor nativo en Maristas, el lince –pero enorme y negro negrísimo- del revisor detecta que somos de donde somos. Así cuando, en pluscuamperfecto inglés le contamos nuestra singular carrera contrareloj mientras le indico en el plano dónde tenemos que estar en diez minutos, él me responde “No se apure, señor, le sobrarán dos” en correcto español.
Llegado este momento de intimidad –la nueva hornada de 
nativos que entra me ha incrustado en su prominente barriga- le pregunto –soy demasiado cotilla pero a los treinta y trece años no voy a cambiar…- de dónde es para tener ese dominio de la lengua de Cervantes y hasta hace poco de Montilla (ahora este cordobés para hablar con el sevillano de Chaves utilizan traductor español-catalán pagado por nuestros impuestos)-. Nos cuenta que es de CuraÇao, isla de las antillas holandesas a cincuenta kilómetros de Venezuela que -según Wikipedia y estos tipos, aunque no sé quienes son ni desde dónde escriben, son serios… - su forma de gobierno es “dependencia de los países bajos”-, hablan oficialmente el nederlandés pero en casa y en la frutería el papiamento, de origen y parecido hispano-portugués.
Nos sigue contando que solamente habla el nederlandés en el 
trabajo pero que fuera de él habla el español pues toca el timple –según me dice una guitarrita que los canarios llevarán para allá- en un grupo de jazz latino en Rotterdam. Que en su tierra se sienten más próximos a España que a Holanda (y pienso en alguno de mi pueblo que el día de la final del campeonato mundial de fútbol vestía con la camiseta de Holanda…). Cuando le vamos a pagar los billetes, sonriendo con esa bocaza blanquísima, nos dice que somos hermanos, que no nos los quiere cobrar.
Llegado un momento, alza la vista y nos dice que para llegar 
a tiempo al barco tenemos que actuar como latinos no como holandeses (o sea improvisando y saltándonos cualquier norma escrita o pensada): abrirá la puerta un poco antes de que llegue a la parada y el tranvía vaya ya lento, saltaremos, correremos en la dirección que él nos indica con su tan negro como largo brazo, cruzaremos varios pasos de peatones con los semáforos estén en el color que estén, atravesaremos (strictu sensu) una glorieta y estaremos en el muelle deseado. Plan listo. Cuando abre la puerta según lo acordado, me llama y me dice sonriendo mientras me guiña un ojo “páguense unos helados a las niñas¡”. Me hubiera encantado darle un abrazo y las gracias con más tiempo pero toca saltar, correr, cruzar, atravesar y llegar al muelle del puerto de Rotterdam donde está el barco que nos llevará a Kinderdijk.
Bad piraat (El Pirata malo)
El puerto de Rotterdam. Se dice fácil. El mayor puerto del 
mundo –ahora seguro que hay alguno puerto chino que le estará pillando- con unas cifras increíbles -300.000 personas trabajan en él, pasan más de 40.000 barcos transoceánicos y 350.000 embarcaciones al año por sus aguas, 200 millones de contenedores por sus más de cuarenta kilómetros de dársenas, con unos ingresos totales de 35 billones de euros (el presupuesto de 2010 de Cataluña),…- que distan mucho de su antecesor, el pequeño puerto de Delfshaven, de donde partieron en 1620 los Padres Peregrinos rumbo a América –aunque al naufragar, en el segundo intento lo hicieran desde Inglaterra en el Mayflower- y donde nació y aprendió -y vaya si aprendió- a navegar Piet Hein, héroe nacional orange.
¿Qué por qué es héroe nacional? Pues porque este angelito 
actuó como corsario durante la guerra de los ochenta años librada entre las Siete Provincias Unidas y España, que acabó con el Tratado de Westphalia por el que nos quedamos sin vistas al Mar del Norte, sin panenkoken y, según cuenta Daniele Archibugi en “The Global Commonwealth of Citizens” con el dudoso honor de haber facilitado (como bando perdedor) el nacimiento del concepto de nación y soberanía modernos (con las Siete Provincias Unidas, ahora Países Bajos, para los amigos Holanda, en el lado ganador).
Este elemento se ganó la carta de ciudadano –dejó de ser 
pirata malo- y fue nombrado vicealmirante de la flota de la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, fundada dos años antes –o sea pirata malo pero cotizando a la corona- y entre sus grandes éxitos está ganarnos –¡otra vez!- en la batalla de la bahía de Matanzas, en la que derrotó y capturó nuestras embarcaciones de la Flota de Indias en su ruta desde la Nueva España hacia Europa frente a las costas de Cuba. El regalito que se encontró el lince -toneladas de oro y plata provenientes de las minas de México- se fue para Holanda (los malos, sobra decirlo) y no para España (los buenos).
A que después de leer esto, ¡da más gusto que Iniesta les 
metiera un chicharrazo en la prórroga (cuando más duele), que les hiciéramos perder su tercera final del campeonato del mundo, que el rojo ganara al naranja y que Iker le diera un besazo a la Carbonero para envidia de todos los holandeses –bueno… y españoles…-¡
een boot kirkendijk (en barco a Kirkendijk)
¡Ay Marcelino Champagnat, que ya me he vuelto a divertir 
y a perder el hilo¡. Es que se me va la olla y dejo de hacer lo que tengo que hacer que es contar lo que realmente ví.
Estábamos tratando de llegar a Kirkendijk. Gabriela nos 
recomendó esta excursión –y yo se la recomiendo a quien venga alguna vez a Rotterdam- especialmente para familias. Dura unas tres horas y media –una hora de ida, otra de vuelta y el resto en Kirkendijk-.
Cogimos el Boot que desde el centro de Rotterdam y 
navegando por el río Nieuwe Maas nos llevaría a Kirkendijk donde el entorno formado por los 19 molinos que se emplearon en otro tiempo para drenar las pantanosas tierras de la zona son ahora Patrimonio de la Humanidad.
En el barquito hay una terraza magnífica con unas mesitas 
muy cómodas en las que nos relajamos mientras vemos los rascacielos de Rotterdam, sus magníficos puentes de todos los tipos, tamaños y colores. En este momento yo, como ingeniero civil, me debiera emocionar como musulmán ante la Meca, periodista ante la tumba incorrupta de San Pedro J. Ramírez, artista ante el Guernica de Picasso, Anasagasti ante el Gernika de Árbol o culé (esto sí tiene delito) ante el Camp Nou. Pero, no. Hace tiempo que sé que estudié algo que, para vivir servía, pero que no me gustaba –. que estudie ingeniería de caminos, canales y puertos como podría haber estudiado ingeniería de atajos, acequias y embarcaderos. Pero a lo hecho pecho.
Con las prisas no hemos comido así que nos pedimos unas 
hamburguesas y, en mi caso, una cervecita bien fría y seguimos relajados mientras el sol nos acaricia un poquito. Bueno, relajados pero yo atento. El buen David nos ha avisado que desde el barco veremos sus oficinas, el edificio de la Hunter-Douglas[1]. Sin que se enteren mis hijas –mucho más sensatas y sensibles al ridículo que su padre- hemos quedado que, cuando pasáramos por delante le hiciera una llamada perdida para que él sacara la bandera española por la ventana de su despacho –debe ser un buen ingeniero de patentes porque yo, si fuera holandés, después de lo de Sudáfrica, le hubiera puesto de patitas en la calle- y yo le saludara con mi chaqueta roja. Dicho y hecho. Ante la parsimonia calvinista o luterana (a simple vista todavía no los distingo) del grupo de turistas nativos y del aparente regocijo (o bochorno, no sé) de unos novios andaluces, saludos de río a despacho y de despacho a río. Minutos después envió un sms “David, qué grande eres¡”. Sms de vuelta “estas pirado daniel”.



[1] pequeño grupo familiar judío de 15.000 empleados y sedes en todo el mundo –donde eso, sí, el director general entra a las 8,30 y sale a las 17,00 como el resto y cuando jugaba Holanda iba a su megadespacho vestido de naranja, con sombrero de copa naranja para ir a juego con la directora financiera que con similar atuendo llevaba como complementos un león de peluche y un paraguas, ambos naranjas-. Las fotos en el iphone de David lo atestiguan, si no, ni me lo creería ni lo contaría



Vacaciones en Holanda. 2 De Utrecht a Utrecht por Australia (II)

Segunda Parte 

1967. Australia: 8 – Aborígenes: 1
El 27 de Mayo de 1967, veintitrés días de que nazca quien 
escribe estas líneas y veinticuatro de que nazca la australiana Nicole Kidman, se celebra un histórico referéndum por el que la población de Australia garantiza a la población aborigen la plena ciudadanía y el derecho al voto.
1971. Australia: 8 – Aborígenes: 2
Geoffrey Bardon, 31 años, acepta un puesto temporal de 
profesor de Arte en un asentamiento aborigen en el Desierto Australiano Central. Al cabo de unos meses, no despierta la necesaria motivación en sus alumnos.
En su diario, Geoffrey anota “aparte de una larga lista de
enfermedades como la hepatitis, la gastroenteritis y la sífilis, la que con mayor fuerza mata a esta gente es la desesperanza que les lleva a abusar del alcohol y esnifar gasolina”.
El arte occidental y sus temáticas no parece incitar la 
creatividad de los aborígenes. Es él en cambio quien toma gran interés en los diseños gráficos realizados por sus alumnos y. un día, les deja que se expresen en las blancas paredes de las clases y de los pasillos del colegio ganándose el mote de “Mr. Patterns” –“Sr. Dibujos”.
Los alumnos que pintan lo hacen siguiendo las instrucciones 
de un anciano, Old Mick Wallangkarri Tjakamarra, quien es el “kirda”, el depositario de “Dreaming” o Jukurrpa de la tribu –aventuras de los seres aborígenes mitológicos que poblaban esta gran isla antes que los actuales fueran depositados en ella por estos mismos personajes, de cuyos juegos, conflictos y enredos amorosos se origina el paisaje de la tierra australiana y los códigos de comportamiento sexual, familiar y social que harán beneficiosa la vida para los aborígenes- que ha sido transmitido de generación en generación por los abuelos del clan hasta depositarlo ahora en Old Mick.
Bardon pone a su disposición telas, lienzos, tablas, pinceles, 
pinturas, con las que los alumnos empiezan a dibujar diseños de forma espontánea y cuyo significado contiene el espíritu de su cultura, diseños que han tenido soportes efímeros hasta ahora –el cuerpo, la cara, los brazos, la tierra, las rocas, los árboles,…-, figuras mágicas que tenían como fin durar únicamente el tiempo del rito, de la plegaria, de la ofrenda, del recibimiento, de la despedida, del la alegría, del dolor, de la celebración, de la victoria.
Y en menos de dos años, se produce una pequeña revolución 
muy pero que muy pacífica y muy pero que muy artística: más de treinta hombres y mujeres comienzan a pintar en cualquier superficie que encuentran: baldosas, paneles de madera, cortezas de árbol, fruteros, vajillas,….
1973. Australia: 8 – Aborígenes: 3
Bardon deja la escuela dos años después pero su sustituto, 
Peter Fannin, coge el testigo con renovadas fuerzas como coordinador, extendiendo estas “cooperativas de arte” por el resto de asentamientos, gestionando y enseñando a gestionar estos centros, comercializando y enseñando a comercializar sus pinturas y, lo que es más importante, protegiendo los derechos de los artistas, menos universales y menos valiosos probablemente que su cultura y dignidad recuperada.
Nuevas cooperativas se abren por toda Australia y permiten 
a los aborígenes, en algunos casos, hacer valer sus derechos y su cultura con sus obras de arte. Aún así, ellos siguen considerando estas pinturas demasiado sagradas para que sean mostradas al mundo por lo que su difusión es lenta. Para ellos es algo más que arte, es parte de su alma.
1976. Australia 8 – Aborígenes: 4
La Ley de los Derechos sobre las Tierras de los Aborígenes, 
con vigencia en la región del norte, permite a sus propietarios originarios reclamar su propiedad. Con su puesta en vigor, las tribus aborígenes de esta zona de Australia dejan los asentamientos y reservas para irse a vivir a sus paisajes natales preservando así y reforzando su lenguaje y su cultura.
1988. Australia 8 – Aborígenes: 5
En Octubre se presenta en Nueva York, centro mundial 
del arte contemporáneo en aquel momento, la primera exposición a gran escala de arte aborigen. “Dreamings: the art of Aboriginal Australia” sorprende y fascina a sus visitantes y, tras su éxito, a los de Chicago, Los Angeles y, después, a los de Melbourne y Adelaida, ya de vuelta a Australia.
1992 Australia: 8 – Aborígenes: 6
  
No es hasta 1992 cuando la Corte Suprema de Australia legisla
a favor de Eddie Mabo y otros aborígenes en un caso en contra del Estado de Mainland reconociendo los derechos tradicionales sobre la tierra del pueblo de los Meriam, población indígena de las Islas Murray. Esta decisión revoca el concepto de “terra nulis” e introduce el Native Title que permite a los indígenas de toda Australia reclamar sus tierras ancestrales con las que tengan vínculos culturales y políticos.
1997. Australia: 8 – Aborígenes: 7
La artista Emily Kame Kngwarreye (1910-1997) representa 
a título póstumo a Australia en la bienal de Venecia, centro del arte vanguardista fiesta y referente del arte contemporáneo en Europa, reconociéndose así a una de las artistas más significativas de la historia de la pintura australiana y convirtiéndose en la primera artista australiana invitada a esta.
Emily, como buena parte de los aborígenes de Australia 
central, trabaja como cuidadora de vacas y pastora de camellos desde niña. Esta gran dama nacida en los infinitos pastos del centro de Australia empieza a pintar en lienzos y con pintura acrílica en el verano de 1988 cuando ya tiene casi ochenta años, aunque ha pintado durante décadas en ritos ceremoniales de su tribu en las tierras, en los árboles en los cuerpos de su gente. Conoce las tradiciones orales, los secretos del Jukurrpa.
Su imagen, su pasado, su dignidad y su maestría primeros 
con sus pies y sus manos y luego con el pincel la hacen un referente del arte aborigen. Amarga gloria la no disfrutada que une Australia con Holanda, a Emily con Van Gogh, casi 400 años después de que el capitán de Carstenz viera a su gente como desechos humanos.
Qué mejor homenaje que las palabras del crítico de arte 
holandés Jhim Lamorre quien escribió que las pinturas de Kngwarreye estaban “entre las más bellas y más originales obras de arte que había visto nunca en la Bienal de Venecia”.
Me siento afortunado de poder contar, -y sirva de homenaje 
y agradecimiento por hacerme sentir lo que sentí, a esta mujer que nunca conocí- que tras la proyección de vídeo vi la exposición del Museo y me topé con uno de sus cuadros, Summer Celebration, una explosión de color, de vida, de esperanza espectacular.
Me paré, me senté y me quedé admirando el enorme cuadro 
-3 metros de largo por casi 1,5 de alto-, viendo la nube de miles y miles de puntos de colores, como una gran fiesta de fuegos artificiales. Tras décadas de humillaciones, destierro y sufrimiento surge la dignidad y la fuerza de vivir y, en el último tramo de su vida, esta mujer es capaz de sacar su energía, su vida y de expresar tanta alegría en un cuadro.
Junto a éste, Amnooralya Aewlye, es uno de sus últimos 
cuadros cuando ya había perdido prácticamente la vista: sobre un lienzo con fondo negro –la piel del aborigen- se cruzan serpentinas de colores rojos, azules, amarillos,… que representan la lluvia, la energía, que se desliza sobre el cuerpo y lo llena de vida.
Unas lágrimas se escaparon de mis ojos y sentí, fueron unos 
minutos, algo parecido a lo que los filósofos tratan de definir y los libros de autoayuda de conseguir y que creo que llaman felicidad.
Quise compartir este momento, aprovechando las ventajas 
de la tecnología un mensaje voló desde utrecht hasta a dos personas a las que deseaba regalar ese momento atravesando un cuadro tan bonito como su título “Summer Celebration” y tan increíble como su autora.
“Cuando te sientas y no pintas, te siente sola” Emily Kame 
Kngwarreye.
2008. Australia: 8 – Australia: 8 
El 12 de Febrero de este año el Primer Ministro de Australia
pide públicamente perdón a todas las personas indígenas de la nación. De esta manera, dando un paso que los gobiernos anteriores no habían querido dar –con la cobarde excusa de que habían sido otros y no ellos mismos quienes habían cometido las tropelías-, afrontando el pasado y el presente de la “Generación Perdida” se produce la reconciliación de los dos Australias.
Qué maravilloso pensar que de la unión de la técnica 
occidental y el imaginario y figuración aborigen se haya llegado a un nuevo movimiento de arte contemporáneo. Completamente nuevo. Y que ahora es fuente de inspiración a pintores de todo el mundo y fuente de placer para los amantes del arte y, estoy seguro, de los que no lo son.
Al cabo de poco tiempo, lo logrado en Papunya Tula de la 
mano de Bardon se expandió a otros asentamientos aborígenes por toda Australia. Cada pintura del Dreaming ha pasado a ser un producto cultural de mercado, como lo es el arte contemporáneo no indígena.
 
Para las cooperativas aborígenes es una fuente de ingresos
(no solamente de arte vive el hombre…), algo que guste o no necesitan en este nuevo mundo. Pero, a pesar de todo, mantienen su cultura y su secreto, su Jukurrpa, sus pinturas únicamente las entienden ellos, el diseño y contenido de ellas es de su absoluta propiedad cultural, nadie puede quitarles los diseños ni menos imponérselos. Pueden imitarlos pero no serán verdaderos porque no tendrán alma. Solamente ellos son capaces de descifrar las historias, las imágenes que en sus cuadros representan.
Es bonito que nazcan movimientos de arte como éste, que 
a través de la belleza de unos colores combinados en un lienzo, en una tabla, en un árbol, en un cuerpo refuerzan una diversidad cultural aún existente y la mantienen viva, pero no cerrada en reservas temáticas sino en integradas en el mundo de hoy. Su arte aborigen contemporáneo es el canal de comunicación de sus valores culturales, la más bella señal de la indudable necesidad de estas culturas en el mundo de hoy.
Es bonito ver que la mezcla respetuosa enriquece mientras 
que el desprecio y prepotencia envilecen. Ojala aprendamos alguna vez esta lección para que como decía Daniele en la introducción de su libro, nuestros hijos y nietos tengan un mundo mejor.
Utrecht, por la tarde
 
Salgo a la calle, un sol inusual ilumina las casas apretujadas 
que se asoman al canal, se nota alegría por las calles, las terrazas están llenas de gente, las bicicletas alegran el ambiente con sus timbres de aviso. Sonrío. Un señor de barba blanca con un cartel-anuncio nos da la buena nueva: “Jezus is onder ons” (Jesús está entre nosotros). “Sí, – pienso- pero se prodiga poco”.
Son las 3 de la tarde, hora de comer española y de merendar 
holandesa. Ya juntos chio y chicas, comemos en una terraza a la orilla del canal, donde sorprende saber que estamos a 10 metros bajo el nivel del mar. Confiamos en los ingenieros civiles holandeses y en que los diques de Holanda no sean como los de Lousianna americana.
El día se acaba con un paseo en un pedalo por los canales 
por expreso deseo de Paula y María que nos permite hacer un poco el ganso en un día de tantas emociones y poner a prueba la paciencia de los que tratan de disfrutar en una de las terrazas como la que acabamos de estar.
No puedo, evitarlo, hago equilibrio en el pedalo y, antes de 
que mis hijas me retengan y me digan, con toda la razón, que no sea patético, canto, en esta especie de Venecia mederlandesa, la canción universal de la alegría por excelencia (y que no es la de Miguel Ríos):
‘O sole mio
sta ‘nfronte a te!
‘O sole, ‘o sole mio
sta ‘nfronte a te,
sta ‘nfronte a te!
 
La Haya, anochece
Hemos cenado y la familia se acuesta, las luces en la ciudad 
se apagan, los tranvías bajan su frecuencia hasta dejar de pasar, los últimos ciclistas apuran las pedaladas que les lleven a sus hogares, y solamente el chirrido de algún coche dejándose las ruedas al arrancar rompe el silencio.
Yo estoy inquieto. Demasiadas emociones para alguien 
como yo que las filtra poco. Vuelvo a hacer sonar las canciones de Souvenir…
…
Je voudrai savoir plus du passé
Et toi tu t'en fais pour l'avenir
Moi je pense que tout est fini
Toi, que ça n'a fait que commencer
…
Ojeo el catálogo de la exposición y a mi cabeza vienen 
Emily Kame, Yumtjin, Marrnyula, Tjumbo,… impronunciables nombres que esconden una vida de sufrimiento y dignidad a partes iguales y de una cierta victoria, agridulce, pero victoria en definitiva de los que suman sobre los que resta, de los que crean sobre los que destruyen, de los que buscan la diferencia frente a los que busca el punto de encuentro, del respeto sobre el desprecio.
Y me viene a la cabeza Paddy Bedford que nació en 1922 pero
no empezó a pintar hasta 1998, con 76 años, y no dejó de hacerlo hasta que murió nueve años después. Y me vuelven a la cabeza sus cuadros en los que con su peculiar estilo representa las rocas, los paisajes a los que pertenecía cuando cuidaba el ganado o los mimi, tímidos espíritus que en noches de calma cuando no había viento, salían de sus cuevas para sembrar las tierras de los Gumbalanya.
Antes de acostarme, leo un poco más a mi tocayo Daniele que, 
en la traducción todo lo fiel que permite mi inglés, nos hace una propuesta:
“Qué debe hacerse , si es que es posible, para entender cómo
las democracias liberales tienen esta peculiar propensión a intervenir de buena gana y con todo el celo cuando una sola persona ha sido asesinada por otra persona y no lo hacen cuando decenas, cientos o miles de personas mueren de hambre.
No sería absurdo poner este altruismo a prueba en las 
catástrofes naturales, cuando no es necesario enfrentarse a otros gobiernos y menos violar el principio de soberanía. Esta prueba podría dar una magnífica oportunidad de probar el efecto combinado de las fuerzas armadas y las organizaciones humanitarias para salvar a la población del hambre o de las catástrofes sin necesidad de luchar contra otros seres humanos.
Una vez que un ejército de rescate permanente haya mostrado
su valía y utilidad, ganándose el respeto (real y no propagandístico, esto lo digo yo) y la autoridad en el mundo, podría dar el siguiente paso, la intervención militar en defensa de los derechos humanos”.
Y me quedo convencido que André Bretón, cuarenta años 
después de aquel 1929, al escribir “Primero, ama. Siempre habrá tiempo, más adelante, de preguntarte sobre lo que amas, hasta el punto de no querer ignorar nada sobre ello” quiso disculparse ante esa Australia aborigen que, por su propio y surrealista desconocimiento, no aparecía en el mapa mundial de la creatividad que su grupo creó.
Al menos a mí, me dejó una frase que no puede mejor 
expresar
que no puedo odiar lo que no conozco 
y es difícil odiar cuando realmente lo conozco, 
que dejando a un lado mis perjuicios, 
mis ideologías, 
mis verdades incontestables, 
mis razones irrefutables, 
mis costumbres inmemoriales,… 
me encuentro con la otra persona, 
tal y como es, 
con toda su riqueza. 
Y en ese momento, es imposible odiar.
Apago las luces y me acuesto razonablemente feliz.
Dnl
Pd. Si os ha interesado, no dejéis de visitar una descripción
preciosa, entendida y apasionada de una artista colombiana (o chilena, no sé) en  http://revista.escaner.cl/node/1317 viendo también algunos ejemplos de pinturas o la web del museo de Utrecht http://www.aamu.nl/current .

Vacaciones en Holanda 2. de Utrecht a Utrecht por Australia (I)

“Aimer, d’abord. Il sera toujours temps, ensuite, de
s’interroguer sur ce qu’on aime jusqu’à n’en vouloir
plus rien ignorer”. André Breton, 1962.
(Para David y Gabriela)
La Haya, amanece
Me levanto, con cuidado para no despertar a las chicas, 
voy al salón y busco uno de los miles de discos de música pop que David tiene y que nos está descubriendo y enseñando a disfrutar con sus apasionadas explicaciones.
Por la ventana veo cómo la ciudad se despierta. Me encantan 
estos momentos, solo, por la mañana. Los coches, ciclistas, tranvías, circulan silenciosamente como si no quisieran romper este momento.
Elijo del grupo Souvenir -grupo de Pamplona que canta en
francés y del que yo, siendo vecino, no conocía-, el álbum “Points de Suspension”. Mientras van sonando “le temps perdu”, “comme d’habitude”,… repaso la guía turística para ver lo que se puede ver en Utrecht –recomendación expresa de nuestros anfitriones David y Gabriela-.
A juzgar por la guía Utrecht promete bosques frondosos 
en Heuvelung donde perderse con la bicicleta, numerosos castillos en Amerongen y Wijk bij Duustede -tradicional lugar de descanso de mercaderes y terratenientes acaudalados de Amsterdam a partir de los siglos XVII y XVIII-, pueblos de ensueño como Amersfoort –parece increíble que en estos parajes idílicos en los años cuarenta del siglo XX, prepotentes esbirros de la locura humana, la ira, el odio y la guerra instalaran un campo de concentración- o preciosas vistas en el Lage Vuursche -muy popular entre los excursionistas me indica la guía-.
En la propia ciudad de Utrecht –me contó David que es la 
preferida por los holandeses para vivir- nos recomienda no perdernos los canales que encauzan el río Oudestracht, antes ruta clave para la economía de la ciudad, ahora lugar de paseo para sus habitantes, el Centraal Museum donde destaca la obra del artista local Jan van Scorel (creo que éste no lo estudié o me pillo pensando en babia), las viejas murallas de la ciudad junto a los canales que rodean la ciudad son lugares idílicos para jóvenes y no tan jóvenes enamorados, las Pallaskameren -asilos construidos en 1651 por Maria van Pallaes y donde esta buena mujer ofrecía alojamiento gratuito y comida y bebida (cantidades moderadas puntualiza la guía…) cada día-, el museo holandés del ferrocarril, el observatorio del siglo XIX,….
Antes de cerrar el libro, me llama la atención una pequeña 
reseña: Ab-original Art Museum, museo consagrado a los muchos y diferentes estilos del arte aborigen en el que se exponen alrededor de 500 pinturas y esculturas que se producen en las cooperativas australianas. Curioso, no?
Mientras no se despierta el sector femenino de la familia, 
aprovecho para seguir leyendo “The Global Commonwealth of Citizens” de Daniele Archibugi que, aunque solo sea por el delicioso final de su introducción –“este es uno de esos libros peligrosos escritos con la esperanza de que nuestros hijos y nietos tengan un mundo mejor. Ese mundo mejor ciertamente no se lo podemos garantizar pero, al menos no nos podrán reprochar el haber ignorado el reto”- ya merece la pena intentar leerlo.
Retomo la lectura por el capítulo en el que analiza lo que el 
cosmopolitanismo –no es el momento de explicar con detalle la propuesta del escritor italiano- debe hacer, frente al actual comportamiento de las democracias, en las intervenciones humanitarias y sobre el deseo aparentemente bondadoso y altruista de estas democracias de convertir a sus valores a todo el mundo.
En él el autor subraya algo que, no por estar claro, a veces 
olvidamos:
“…la esquizofrenia en la que viven los democracias 
occidentales que, puertas adentro defienden la libertad y los derechos democráticos de sus pueblos, pero puertas hacia fuera se comportan como una dictadura más poniendo a su disposición los medios más innobles para atacar al que no piensa como ella y tiene lo que anhela ella…”,
“…y sus esfuerzos por convertir a los bárbaros a la libertad 
y la democracia se han convertido en eslóganes publicitarios para realmente defender intereses creados y atacar al enemigo, con una maquinaria de propaganda que no solo no demoniza sino que santifica sus acciones convirtiendo los crímenes de guerra en daños colaterales, la agresión en prevención y la tortura en interrogatorios coercitivos”.
Se despereza la familia, dejó libro y preparó zumo y tostadas, 
y horchata, desayuno a la altura de este día, que promete.
Utrecht, por la mañana
De Laan van Roos en Dorn (calle de la rosa y las espinas, 
sugerente, no?) en tranvía a Den Haag Centraal Station, en cercanías hasta Utrecht Centraal Station sin incidentes reseñables salvo que mientras leía, un movimiento del tren hace que parte de mi café caiga sobre el chándal del impasible nativo que, sin inmutarse, me mira y me dice “no problem” y sigue leyendo su Sportrank (que viene a ser el “Marca” holandés). Doy gracias a Calvino por inculcarles esta paciencia y al Azar que no puso junto a mí al ejecutivo Armani que está justo en frente.
De Utrecht Centraal Station, atravesando un megacentro 
comercial que une la estación con la ciudad, al centro de Utrecht.
Efectivamente la guía tiene razón, la ciudad es deliciosa, 
surcada por canales, puentes pintorescos, calles estrechas, jardines cuidados que vamos disfrutando y, sobre todo, cafés con las sillas que rodean las mesas de las terrazas dispuestas como a mí me gusta: las cuatro mirando al paseo para no perderte nada. Esto es casi una provocación que alguien con ADN cotilla (y la ayuda de mis hijas que quieren descansar) no puede desperdiciar.
Sentados, mirando los cuatro a la gente pasar, disfruto 
viendo bicicletas y bicicletas (bueno, con un holandés u holandesa encima) de todos los tamaños y diseños, colores y estampados, con la más surtida gama de complementos para bicicletas uno hubiera imaginado (lleva-niños, lleva-ancianos, tándems, con cestas, con maleteros, con quita-vientos, con sidecar para niños, con minimotores por si hay un repecho,… ¡Cómo me gusta ver pasar gente e imaginar por sus caras, por sus vestimentas, por sus bicis,… a dónde irán, a quién van a buscar, si estarán teniendo un buen día o malo, si son futboleros o intelectuales, si –imposible según Borges, real según Galeano o Valdano- ambas cosas.
Compartimos terraza con un amable matrimonio nativo que, 
como no, veranea en Marbella y una encantadora boliviana casada con un holandés (¡pero hija, le diría su madre, ¡cómo te casas tan lejos!) mientras sufren nuestro hispano tono de voz y mi escaso sentido del ridículo. Al detectar –sagaces- que somos españoles nos tratan de hablar en español mientras yo les pregunto como se dice eso en nederlandés. Así que aprendo mis primeras y casi últimas palabras “dank u well” para dar las gracias, “dag” para decir adios, “Heel roed”, muy bien y “Tot zines” con las que nos despedimos (hasta pronto).
Paseamos por nuevas callecitas que siempre guardan alguna
sorpresa como la tienda de juegos de mesa más encantadora que he visto. Una pequeña tienda llena de juegos de mesa en la que pasamos un buen rato y de la que nos llevamos una web www.boardgamgeek.com (algo así como www.locoporlosjuegosdemesa.com) en la que podemos encontrar cualquier juego de mesa del mundo y descargarnos todas las instrucciones en el idioma que deseemos.
Hacemos dos grupos, uno –las chicas- al museo del tren otro
–el chico- que prefiere seguir deambulando y, como ocurrió, sin querer, encontrarme con el Aboriginal art Museum desde cuyo inmenso ventanal veo cuadros llenos de color que, a pesar que prefiero pasear que ver museos, me hace entrar.
Australia, al mediodía
Los primeros cuadros me llaman la atención por el colorido
por el punteado infinito que tienen muchos de ellos, por lo incomprensible de lo que representan, por lo atractivos y alegres que resultan.
Antes de continuar veo una sala de video en la que, grata 
sorpresa, retransmiten uno de los partidos más impresionantes que he visto. Me siento. Veo, escucho y apunto.
En principio parece un partido desigual entre el combinado 
de dos de las mejores selecciones del mundo, Inglaterra y Holanda (si bien finalmente los jugadores holandeses como veremos se retiran al inicio del partido), sobre todo en los campeonatos mundiales de los siglos XVII y XVIII, y la Australia aborigen, poco preparada y mal entrenada para este tipo de torneos.
 
40.000-1606 Australia. La previa del partido.
“nuestra gente  desciende del Gran Djankawu quien vino 
de la isla de Baralku cruzando el mar. Nuestros espíritus vuelven a Baralku cuando mueren. Djankawu vino en su canoa con sus dos hermanas, siguiendo el lucero del alba que le guió a las costas de Yelangebara en la costa este de la Tierra de Arnhem. Ellos caminaron a lo largo del campo siguiendo las nubes de la lluvia, cuando querían agua, clavaban un palo en la tierra y el agua manaba en abundancia. Ellos nos dejaron los nombres de todas las criaturas de la tierra y nos enseñaron nuestra Ley”
Esto cuenta Marika Wandjuk, del pueblo Riratjingu, 
adviertiéndonos que los pueblos aborígenes de otras tierras cuentan sus propias historias de cómo se crearon las montañas y los ríos, cómo las tribus crecieron y el modo de vida de sus antepasados. Que cada pueblo tiene su propia historia, sus propios mitos, sus propias ceremonias y su propia expresión artística.
Nos cuenta que los aborígenes llevaban viviendo en la isla 
más de 40.000 años. Tenían grandes conocimientos de cosmología y un gran dominio de los recursos naturales de los que se servían para vivir. Para asegurar que los dioses les fueran propicios tenía una vida rica en ritos y ceremonias.
Nos sigue contando que sus conocimientos y habilidades les
permitían asegurarse los recursos necesarios para sobrevivir en lugares donde los europeos que acabarían llegando allí, hubieran muerto en cuestión de días; que el modo de vida aborigen consistía en aprovechar al máximo cualquier oportunidad para sobrevivir; que para cazar utilizaban los “miru” (boomerangs, elaborados artefactos aerodinámicos) que dan una idea de sus conocimientos y recursos.
También nos cuenta que la tierra era un lugar al que estaban 
vitalmente unidos. Su conexión con la tierra era la base de todo: su cultura, su historia, sus creencias, su sustento. Y esta conexión les permitió adaptarse a los diferentes cambios climáticos (estas palabras las he oído en alguna parte, de qué me suenan,…) y condiciones ambientales. Como ejemplo, resalta que hacia el final de la última glaciación, hace 15.000 años, cuando el clima se hizo seco y los lagos se evaporaron convirtiéndose en desiertos, su dieta cambió y se ajustó a la nueva situación.
Nos cuenta que son unos supervivientes. Que durante todo 
ese tiempo una de las culturas más ricas de la tierra fue capaz de desarrollarse y mantenerse hasta hoy día.
Primera parte
1606. Holanda: 1 – Australia: 0
El barco Duykfen de la Compañía Holandesa de las Indias 
Occidentales explora la costa oeste de la actual Península de Cape York. Casi veinte años después, Jan Carstensz, capitán de la Compañía, anota en su cuaderno de viaje que se ha encontrado “nativos” que son “los más pobres, desgraciados y miserables desechos” que ha visto en su vida.
Los primeros contactos entre la “civilización” y estos 
“miserables” cuando estos marinos pisan tierra firme son violentos. Hay escaramuzas en las que ambas partes sufren bajas -La tribu Wik todavía hoy conmemora este día-.
1770. 
Holanda-Inglaterra (vienen nuevos fichajes que serán
titulares) : 2 – Australia: 0.
Este año, el capitán James Cook reclama la costa este de 
Australia para el Rey Jorge III de Inglaterra. Fruto probablemente de la influencia de la Ilustración en el joven capitán, anota en su diario:
“…a alguno pueden parecerles la gente más miserable de 
la tierra, pero en realidad son mucho más felices que nosotros, los europeos, desconociendo por completo no solamente las superfluas sino hasta las más elementales comodidades que afanosamente buscamos en Europa; son felices sin conocer su uso. Viven en una paz y tranquilidad que no la rompe la desigualdad de su condición”.
Estas tierras dejan de llamarse Nueva Holanda (“pobres” 
holandeses pienso; cada vez que llaman a algo Nuevo Algo -Nueva Amsterdam, Nueva Holanda,…- llegan los británicos y le cambian el nombre por Nueva York, Nueva Escocia,…).

1783. Inglaterra (el equipo naranja abandona por 
lesión): 3 – Australia: 0
Australia pasa a ser una colonia más del Imperio Británico.
1788. Inglaterra: 4 – Australia: 0
Australia es declarada “terra nullius” –que considera que 
las nuevas tierras no tienen dueño y que los indígenas no existen en relación a la ley británica-. Llega a la actual Sydney la primera flota que transporta reclusos –compuesta por 736 hombres, mujeres y niños-.
Esta claro que la población indígena no está nada contenta 
con esta invasión europea como se deduce de los primeros contactos de los aborígenes australianos y esta primera flota cargada de presidiarios llevados al penal de New South Wales.
Las primeras palabras dirigidas por los aborígenes a los 
europeos son “!Warra, Warra¡” que significa “!Marcharos¡”. Lejos de amedrentarse, los ingleses roban las tierras y objetos pertenecientes a los aborígenes y secuestran a sus mujeres.
1803. Inglaterra 5: Australia: 0
La nueva colonia muestra una total falta de sensibilidad y 
comprensión hacia los pueblos indígenas. Su avaricia es tal que prácticamente eliminan a toda la población de la isla de Tasmania enviando a los pocos supervivientes a la minúscula isla de Flinders.
En la isla principal la situación es similar. Además, las bajas 
en los indígenas son tanto o más producto de las nuevas enfermedades que portan los colonos frente a las cuales las tribus indígenas no están inmunizadas.
Aún así, los baños de sangre son práctica habitual hasta los 
primeros años del siglo XX (resalto: no sobra la segunda X) para cuando el número de reclusos enviados es ya superior a los doscientos mil.
De las 500  diferentes lenguas y dialectos que se hablan antes 
de 1788, solamente queda una tercera parte de las cuales únicamente 50 se utilizan en la actualidad en la vida diaria.
Los objetos exploiados entre los siglos XVIII y XIX se 
exponen en Paris en 1919 en una exposición en la que el catálogo subraya que los aborígenes australianos son gentes primitivas sin arte.
18 años antes, 1901, los seis estados de Australia se unen 
formando una nación y se funda la Commonwealth de Australia en Melbourne, declarando Camberra como su capital. Los colonos pasan a llamarse australianos y a los indígenas les denominan aborígenes –de “aboriginer” nombre dado por los romanos a los primeros habitantes de la antigua Roma-.
Aquí en Europa, Paris 1929, los surrealistas -entre los que 
se encuentra André Bretón, referente del movimiento- publican un mapa del mundo donde el tamaño de cada país era proporcional a su arte y su potencial creativo. En ese mapa Australia aparece como una isla del tamaño de Ibiza.
1945. Australia (los colonos se apropian la denominación de
origen): 6 – Aborígenes: 0
Tras la segunda guerra mundial, los aborígenes son forzados
a vivir en reservas y misiones mientras la gran mayoría de australianos es ajena a lo que ocurre. Se les priva de cualquier derecho individual, civil o social como ir a las piscinas, cines y teatros donde van los australianos –un apartheid a la australiana, menos conocido, quizás por faltar un Biko o un Mandela, quizás por estar muy lejos, quizás porque quien manda es el imperio vigente, el anglosajón, quizás porque aquí en Europa tenemos bastante con nuestra propia guerra, qué más da.-
Alejados de sus tierras a las que se sienten unidos, los 
ancianos pierden su autoridad; como tienen prohibido viajar, no pueden cumplir con sus obligaciones religiosas y sus tradiciones culturales que forman parte de su esencia, de su razón de ser.
1953: Australia-Inglaterra (nuevos fichajes): 7 – Aborígenes: 0
Un área del sur de Australia, donde muchas tribus aborígenes 
continúan llevando vidas seminómadas, pasa a ser zona de pruebas nucleares del ejército británico.
Por esa época, algunas personas como el artista Albert 
Namatjira y el actor Robert Tudawali, de origen aborigen ponen las primeras semillas como personajes públicos socialmente conocidos socialmente (el bello y glamouroso cuerpo de hielo australiano, Nicole Kidman todavía no existe). Pero todavía ni la sociedad ni la clase dirigente hace nada al respecto.
1910-1960. Australia: 8 – Aborígenes: 0
Desde 1910 a hasta los años 70 –antes de ayer- se llevan a 
cabo paralelamente las políticas de “asimilación” que en su aspecto más perverso toma la forma de secuestro de niños y niñas mestizos, fruto de la unión de los aborígenes con colonos y normalmente con padre desconocido. Son enviados a orfanatos o familias de acogida donde se les obliga a hablar el inglés y se les trata de borrar cualquier vínculo cultural con su origen.
En los años 65 y 66 se organizan campañas informativas 
–Freedom Rides- a favor de los derechos de los aborígenes que llaman la atención sobre las injusticias y discriminación a la que, aún entonces, están sometidos.