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10 de octubre de 2010

Vacaciones en Holanda 1. DEN HAAG (II)

Volando a Holanda (4 de Agosto 2010): donde, 
tomamos tierra holandesa, nos introducen en sus costumbres, sus filias, sus fobias y tenemos nuestras primeras sorpresas agradables.
La maleta y el viaje
Media maleta para mí, cuatro para las tres chicas. Me
llevo conmigo tres libros: “Amares” y “Fútbol a sol y sombra” de Eduardo Galeano y “Hacia una Democracia Cosmopolita” de Daniele Archibugi. Los dos primeros para los tiempos muertos en trenes y tranvías, el tercero para las dos horas que suelen pasar entre mi despertar y el de Ana, Paula y María.
A Madrid en coche, a Amsterdam en avión, a la estación 
central de La Haya en tren y a Laan van Roos en Dorn
(calle de la rosa y las espinas, sugerente, no?) en tranvía.
David y Gabriela nos esperan con los brazos abiertos
(¿sería por las ricas viandas o sería la sentida alegría por el encuentro familiar?) y deseosos de enseñarnos la ciudad en la que viven desde hace ya unos años.
La primera sorpresa agradable
La Haya (Den Haag) es una de las primeras sorpresas 
agradables. Si hubiéramos hecho caso a la guía, le hubiéramos dedicado un rato del último día para únicamente ver Madurodam (una especie de parque temático en el que hay réplicas  a escala 1:25 –el edificio más alto es de mi altura- de edificios de relevancia histórica de toda Holanda), capricho de M.I Maduro en honor a su hijo que murió en el campo de concentración de Dachau en 1945).
Paseando por el centro histórico, única zona donde hay 
pequeños canales, vemos el Binnenhof, sede del Parlamento y antiguo pabellón de caza de los condes de Holanda, donde los holandeses celebraron con un gran festín el Decreto de Abandono por el que se independizaban de España. También pasamos por los edificios de las embajadas, el museo de Escher (ese que, con juegos de perspectivas, dibuja ríos e hileras de soldados que continuamente suben pero se vuelven a encontrar en un permanente e imposible subir) que apuntamos para verlo otro día.
Paseamos por Lange Vijverberg, boulevard contiguo al 
lago que lo separa del Binnehof donde hay una exposición de esculturas del valenciano David Muñoz compuesta por Meninas y Damas de Elche esquematizadas y presentadas en tamaño XXL. Desde el primer momento, nos parece una ciudad preciosa, llena de encanto, mucha vida, bulliciosa en la que se dan cita, personas de toda Europa con niveles adquisitivos significativamente altos a juzgar por las tiendas de ropa que, aunque no entiendo de eso, me dicen que son las mejores.
Calidad de vida y trabajo
Todo ello porque en La Haya el paro es 0% (en Holanda 
es del 1,5% y están asustadísimos), los sueldos altos, vacaciones larguísimas (42 días laborables) pero impuestos altísimos (42% donde en España sería el 30%) para David pero no para Gabriela (como cuasi-funcionaria de la Oficina de Patentes de la E.U., no paga impuestos y cuando tenga hijos, el colegio será “gratis et amore” –eso sí, para ese puesto tenía que hablar perfectamente inglés, alemán y francés y tener ganas de dejar su Valencia natal, paraíso donde los haya, y emigrar a lugares más fríos, requisitos que no todo el mundo cumple y elige). 
Desde el primer al último empleado cumplen 
escrupulosamente su horario: de 8,30 a 17,00 con media hora para comer un sándwich. El Director General de la multinacional con más de 15.000 empleados en que trabaja David sale y entra a la misma hora que David, ingeniero Junior, coincidiendo ambos en el tranvía de ida y vuelta a casa, estando mal visto –signo de mala organización e ineficiencia el quedarse más horas de las previstas-. Curioso, verdad? ¿A qué hora sale tu jefe? ¿Y tu? ¿y yo?
Me dice David que es gente muy discreta en sus 
manifestaciones externas, muy frugales en sus comidas y celebraciones, que fruto de su cultura calvinista son grandes ahorradores estando mal visto socialmente la ostentación. Lo cierto es que los descapotables y coches lujosos que pude ver eran conducidos por personas de origen hindú, árabe, hispano,… en definitiva, ellos no gastan lo que tienen mientras que en nuestras latitudes, gastamos lo que no tenemos. Aunque, como a lo bueno, todos nos acostumbramos, tantas vacaciones en nuestras soleadas costas los están echando e perder…
Otra “monarquía moderna”
Pasamos junto al Paleis Noordeinde, bonito edificio que 
ha pertenecido a los príncipes de Orange desde Guillermo V (1806) y en la actualidad es el lugar donde la reina Beatriz despacha sus funciones.
En la entrada cojo un folleto en el que glosa las objetivas 
y muy loables bondades de la susodicha: “En 1980, Beatriz sucede a su madre como reina. La Reina Beatriz tiene un estilo eficiente y pragmático de gobernar el país y muestra gran devoción por su deber y un gran conocimiento de los asuntos”. Aplico el consejo de un conocido, crítico de música, que dice que cuando lees algo así conviene eliminar los adjetivos. El texto queda así: “…La Reina Beatriz tiene un estilo de gobernar el país y muestra devoción por su deber y un conocimiento de los asuntos”. Parece más creíble, no?
En el mismo folleto dice que la holandesa es una monarquía
moderna -¡vaya¡ ¡como la nuestra¡-. Hace tiempo que trato de averiguar en qué consiste esto. ¿En qué el Rey es un tipo majete y campechano?, ¿En que el Príncipe se casa por amor con una plebeya ya sea periodista divorciada –España- o la hija de un general argentino co-responsable de miles de desaparecidos durante la dictadura argentina? ¿Qué ellas visten de marca, se sitúan en las listas de las más elegantes y ellos son altos, guapos –excluyo por razones obvias a Carlos de Inglaterra-, distinguidos y muy preparados en las mejores universidades del mundo?
Por mi parte, sigo pensando que “monarquía moderna” al 
igual que “guerra preventiva” (el esperado Obama en su discurso al recoger el Premio Nobel de la ¿Paz?), “inteligencia militar” (Groucho Marx), “integrismo democrático” (Loyola de Palacio), “labores humanitarias del ejército” (Carme Chacón, Ministra de Defensa), “caer hacia arriba” (dnl -es la primera que se me ha ocurrido pero da una buena y visual idea del concepto-),… son contradicciones de términos.
Un país (temporalmente) sin gobierno
Al pasar junto a este bello edificio al que, durante el 
Prinsjesdag o apertura solemne del Parlamento, la soberana es conducida desde aquí al Parlamento en una carroza (sugerencia: para modernizar un poco más la ya moderna monarquía: que utilice el medio de transporte más común entre sus súbditos: la bicicleta) vemos un montón de fotógrafos apiñados, vigilantes, con cámaras de fotos con teleobjetivos.
Como soy curioso a la par que cotilla (trato de no serlo pero 
es que me cuesta…) me acerco a preguntar la causa del revuelo no vaya a ser que nuestra Belén Esteban, princesa del pueblo, esté de visita privada con su homóloga la reina Beatriz, o Sara Montiel, aclamada por medio mundo, esté dando un concierto privado a sus 1972 años a los miembros y miembras (el corrector de MS-Word me da error, pero yo sé que es Bill Gates y no la Ministra Aido quien está equivocado) de la familia real.
Ante mi sorpresa y disgusto, los sufridos y pacientes 
reporteros me indican que a Belén y Sarita ni se les conoce ni se les espera y me informan de que la concentración de medios tiene que ver con que la Reina está reunida con miembros (son todos hombres) del recién dimitido gobierno de coalición. Parece que se han enterado de lo que cuesta la presencia de tropas holandesas en Afganistán y, claro, se han llevado un sofocón que ha hecho que uno de los partidos diga que, con la que está cayendo, mejor gastarlos en plantar más tulipanes, construir nuevos canales, pagarle el psicólogo a los jugadores de la selección de fútbol, ayudar a las empresas holandesas a conservar los empleos,… en definitiva, a otras cosas.
Durante el vuelo Madrid-Amsterdam he leído en “Hacia 
una Democracia Cosmopolita” que la última vez que el gobierno holandés dimitió fue en 2002 tras la publicación de varias filmaciones en las que se veían al Comandante en Jefe Tom Karrenmans y los 400 cascos azules holandeses de las Naciones Unidas destacados en Sbrenica en 1995 fumando un cigarro, bebiendo y charlando animadamente con el general serbio Mladic sobre las diferencias entre políticos y militares. En ese momento, en la ciudad, el ejército serbio se llevaba a todo musulmán que veía –cuya seguridad era responsabilidad de Karrenmans y sus cascos azules- y los llevaban al campo de concentración de Sarajevo de donde no volvieron a salir.
1 holandés, 1 religión; 2 holandeses, 2 religiones; 
3 holandeses, 1 cisma (Ramón Cañas)
Esta era una de esas frases que mi suegro cantaba de vez 
en cuando en tono bonachón cuando leía o veía alguna noticia referente a los países bajos. La verdad es que nunca le pregunté la razón, pero David me la explicó. Inicialmente estaba la religión católica (1 holandés, 1 religión). Posteriormente en el siglo XVI, vino Lutero y convenció a una parte de los holandeses (2 holandeses, 2 religiones). Poco después llegó Calvino que convenció una parte de la parte protestante y se produjo el cisma creándose dos facciones, la iglesia reformista holandesa y la iglesia calvinista (3 holandeses, 1 cisma). Curioso, verdad?
Lo que no preveía la cantata del buen Ramón era la presencia
de una cuarta religión, la islámica que hizo que buena parte de los holandeses, y de Europa en general, se lllevara un sofocón cuando en 2002 el popular y extravagante Pim Fortuim, con un programa racista y anti-musulmán consiguió ser el segundo partido más votado, éxito que no disfrutó al ser asesinado. Esto hubiera completado la fórmula de Ramón (4 holandeses, 1 buen lío) pero, afortunadamente, los holandeses y holandesas en 2006 volvieron a sus fueros y este partido quedó, como ocurrió en Francia con el Frente Nacional de Le Pen, como un partido menor.
Cierre, disculpas y propósito de enmienda…
Esta primera tarde intensa en información y sensaciones, 
acabó como no podía acabar mejor: con un arroz al horno hecho por Gabriela, valenciana de natura, brindando porque estas fueran unas magníficas vacaciones y preparando –por recomendación expresa de David- nuestra segunda parada: Utrecht.
Tengo la sensación de que esta primera entrega me ha 
salido un poco ácida y , a lo mejor, no concuerda con el espíritu positivo que deben contener estos Lunes con Sol. Esto me pasa por meterme en política, religión y fútbol, temas que ya me decía siempre mi madre que no hay que meterse.
Prometo más arte, gastronomía, anécdotas, curiosidades 
y otras hierbas nutritivas en siguientes entregas (y más concreción porque no hemos hecho más que aterrizar en Holanda y han salido unas cuantas páginas…)
dnl 

Vacaciones en Holanda 1. DEN HAAG (I)


“There is no place on earth with the sky so blue that worth
to be seen but for the people living underneath”  R.L. Stevenson.
Como decía el gran escritor y viajero o gran viajero y 
escritor Robert Louis Stevenson, los lugares merecen la pena visitarlos, no por el azul del cielo sino por las personas que viven bajo dicho cielo. Por eso, como amante de Stevenson (todavía recuerdo sudar de miedo leyendo La Isla del Tesoro), en este relato de viaje, habrá muchas personas, costumbres, curiosidades,… algún museo y poca piedra. Me atrae más lo vivo que lo muerto, lo que se hace ahora que lo que se hizo en no sé qué siglo, por eso prefiero visitar el mercado de frutas que la iglesia barroca o pasearme por las calles que por las normalmente frías salas de un museo. Todo ello, con excepciones, claro. 
La previa: Abril 2010, donde aguzamos el ingenio 
para buscar donde pasar unos días de vacaciones en tiempos del “azunto” (como me dicen que llaman a la crisis las chirigotas del carnaval de Cádiz)
En épocas de crisis hay que agudizar el ingenio así que 
para ver dónde podíamos pasar diez días de vacaciones, abrimos el mapa de Europa y fuimos colocando chinchetas de colores en los lugares en los que teníamos amigos, familia, compañeros,…. Las chinchetas rojas donde o la relación era lejana o el coste del viaje sería excesivo o el propio lugar no tenía más interés; las verdes donde teníamos posibilidades razonables de colarnos unos días (familia cercana, lugar atractivo, posibilidad de vuelo barato,…); las chinchetas amarillas en el resto.
Empezamos las llamadas por las verdes. La primera lla
mada, a los tíos Pedro y María Pilar que tienen un adosado estupendo en la maravillosa costa gaditana donde cada dos o tres años nos suelen invitar. Cuando descuelgan el teléfono, les saludamos, les preguntamos qué tal va todo y entre la conversación dejamos caer que hace poco estuvimos viendo fotos de María y Paula en la playa de La Barrosa y que nos acordamos mucho de ese verano… La “indirecta” no surge efecto ya que la conversación deriva hacia qué tal están las niñas y tal y tal. Agua.
La segunda llamada, a Gabriela (prima de Ana) y David, 
su marido, que viven y trabajan en la Haya y que en la comunión de mi hija Paula dejaron caer eso de “a ver cuándo venís a vernos”. Descuelgan el teléfono, hola David, somos los primos de Pamplona… habíamos pensado ir a visitaros unos días… en agosto… serían 5-6 días y 3 –o 4 los pasaríamos en Bélgica… ¡Ah! ¡Qué bien! ¡Muchas gracias!…Acuerdo: llevaríamos jamoncito ibérico rico, esparraguitos de la tierra, lomo y chorizo del pueblo….
¡Éxito total! ¡Buscamos un vuelo barato y de vacaciones a 
los países bajos!
Holanda 0 – España 0 (De Paris 1990 a España 2010, 20 años no son nada…), donde se dan razones objetivas para que a priori yo tenga una predisposición positiva ante los “oranges”
Debo reconocer que los holandeses siempre me han caído 
simpáticos.
¡Como puede caerme mal un país en que los niños piensan 
que Sinterklaas (San Nicholas –Papa Noel según lo creó y vistió de rojo la Coca-Cola-) que trae regalos a los niños la noche del día 5 de Diciembre viene de España y llega a los Países Bajos en un barco de vapor, con un caballo blanco y acompañado de un ayudante Pedrito el Negro -en neerlandés, Zwarte Piet-, que no significa que San Nicolás fuera racista sino vago porque es Piet quien se mancha de negro al bajar por las chimeneas y deja los regalos y mandarinas que para eso viene de España-¡
O ¡como puede caerte mal un país en el que las primeras 
palabras coherentes escritas en el actual neerlandés, aparecidas en los márgenes de un libro de cocina inglés del siglo XI dicen  algo tan romántico como “todos los pájaros han encontrado sus nidos excepto tu y yo, ¿a qué estamos esperando? –pensemos que las primeras en castellano y vascuence, en un códice religioso son anotaciones a cánticos religiosos a la virgen…-¡
O ¡Un país en el que uno de sus prohombres vio el primer 
espermatozoide en el microscopio (Van Leeuwenboek, siglo XVII), otros fueron tan listos como para inventar “la burbuja inmobiliaria” comprando en 1625 toda la isla de Manhattan a los indios Delaware por 60 florines, 10 pistolas y una olla de latón y cuarenta años después revenderla (eso sí previo pacto de rendición y cambio de nombre de la isla, Nueva Amsterdam pasó a ser Nueva York) a los ingleses por un precio casi mil veces mayor (aunque en esta historia los más listos fueron los indios que, sin ser suya ya que pertenecía a los indios Chesapeake, se llevaron la pasta)!
O ¡el país que inventó el principal ingrediente de mis 
queridos gin-tonics, la célebre jenever holandesa, o el país que nos enseño a jugar al fútbol y que trajo las melenas tipo Cruyff y las patillas tipo Neeskens a la parca variedad de pelos (básicamente el corte tazón o comunión) que teníamos aquí!.
¡a qué, aunque solamente sea por estas, ya son razones para
tener una predisposición positiva a estos señores que tienen el naranja como su color de bandera, aunque la bandera oficial ni lo contenga!.
Mi simpatía y primer recuerdo de Holanda como masa 
naranja se remonta a Paris 1990 donde pasaba yo tres meses con una beca Erasmus (sí, sí, por aquella época ya existían). Los Campos Elíseos estaban a rebosar esperando la llegada de los tres ciclistas que coparían el podio (Greg Lemond, Claudio Ciapucci y el holandés Erik Breukink –nuestro Miguel Induráin acabó décimo pero tanto él como su jefe de equipo Echavarri vieron claro que, en los siguientes cinco años, en esta avenida iban a entrar con el “maillor jaune”-).
Pero lo que más me llamó la atención fue la increíble marea 
naranja de camisetas, bicicletas, gorros, capas, banderas, sujetadores (sí hacía calor y algunas fornidas remeras se habían puesto más cómodas para mejor bogar) de color naranja chillón que sobresalían entre el resto del colorido; y la costumbre que tenían de sentarse –llegué a contar hasta 300 holandeses/as- en el suelo de la avenida des Champs-Élysées en cuatro cinco filas interminables simulando que remaban al ritmo del ¡Hop Breukink! y que solamente paraban para apurar la jarra de cerveza que cuidadosamente habían dejado lejos de alcance de sus “remos”. 
Holanda 0 – España 1 (11 Julio 2010):  donde, como
dijo el ministro Rubalcaba, España gana el Mundial de Fútbol y, “aunque no salgamos de la crisis, nos subirá la autoestima” –de subir el sueldo, durante su comparecencia no habló-.
Yo era de los que deseaban, y no aposté en la porra del 
trabajo porque ya estaba cogida, por una final Holanda-España. Por eso, lejos del resultado –que efectivamente le dio un calentón temporal y ficticio a mi autoestima pero mi nómina permaneció invariable- fue una gran desilusión.
En Holanda, así me lo contaron después, anhelaban una final
Holanda-Alemania que les permitiera “vengarse” del bombardeo y ocupación alemana de 1945. Como finalmente fue España quien llegó a la final, tuvieron que desempolvar la hemeroteca y echar 400 años más atrás y motivarse –como decían algunos periódicos locales- pensando en la rendición de Breda y las barrabasadas que el Duque de Alba y sus Tercios de Flandes perpetraron para que estos bárbaros acogieran la religión verdadera que, sobra decirlo, era la nuestra.
La “naranja mecánica” de los 70 con Cruyff, Neeskens, 
Rensenbrink, Krol y otros era en palabras de Eduardo Galeano (Fútbol a Sol y Sombra) “una obra de la imaginación, como un fuego naranja que iba y venía, empujado por un viento sabio que traía y llevaba, y donde todos atacaban y todos defendían, desplegándose y replegándose vertiginosamente en abanico, como si fueran once veces once” y Cruyff -que, como Guardiola, empezó recogiendo pelotas, limpiando las botas de los jugadores y colocando los banderines en las esquinas del campo, mientras su madre atendía la cantina del Ayax- era el director de esa desorganización organizada.
Si Guardiola motivaba al Mega-Barcelona (quien suscribe 
merengue rendido a la evidencia) su equipo con Gladiator y Carros de Fuego, a la selección holandesa 2010 la debieron motivar con películas de Chuck Norris, Kung Fu y las 5 de Rocky Balboa.
La selección del 2010 en la final fue una mala versión de 
una película de matones de serie B con Van Bommel (bien aleccionado por su suegro y entrenador) y De Jong (lugarteniente con Dan cinturón negro) como líderes de la banda y Snjeider (con cara de niño bueno) y Robben (con cara del malo de la serie “érase una vez el hombre”) como pillos que se quejaban y hacían aspavientos de niño mal criado –y de vez en cuando nos ponían el alma en un vilo –por decirlo suave-.
Estoy seguro que Cruyff, Neeskens, Van Basten, Gullit
(el Tulipán Negro), Seedorf, Rikjard,… vieron avergonzados como sus paisanos ultrajaban el fútbol preciosista que ellos crearon y con el que mostraron al mundo que en fútbol había algo más que la samba brasileira o la logística alemana.
Como la vida, el fútbol es a veces es injusto con el bueno y 
es el malo quien se lleva la chica más guapa (o chico…). Y estuvo apunto de pasar. Si no fuera porque cuando, ya en la prórroga, Robben se puso ante Casillas e Iker, mientras tapaba todos los ángulos posibles con su cuerpo de araña, le amenazó con que este año San Nicholas se quedaba en España y sus hijos sin juguetes, y así logró que el holandés fallara. Pero no, esta vez, no -Minuto ciento y pico, pasa Torres, rechace de la defensa, recoge Cesc que pasa a Iniesta…. y GOL- ganó el bueno.
 

9 de octubre de 2010

Tarantela Napolitana (Acto Segundo)

 
Habíamos dejado el fútbol, y nos quedaba la Iglesia. 

Cuando llevas un rato deambulando, te percatas de que el culto a la religión es entre pasional y macabro. 
En las calles estrechas te encuentras hornacinas con vírgenes rodeadas de las fotos de los vecinos de la zona
que han muerto últimamente o que es su aniversario.

Doblas una esquina y te encuentras con una figura de un monje con los brazos extendidos hacia tí que 
de dan ganas de rezar, pero no por una repentina exaltación de fe, sino por el susto que te pega el monigote¡ Probablemente a Mary Shelley, le pasó lo que a mí y no pudo menos que, para su novela Frankenstein, hacer que el Dr. Víctor Frankenstein naciera en el barrio napolitano de Chiaia.

Es inquietante pensar que hasta 1950 que un obispo –para que luego digan que son anticuados y no 
son hombres de su tiempo- decidió abolirlo, se celebraba la ceremonia de las capuzelle (las cabecitas): en el cementerio de Fontanelle, en el barrio de la Sanità (feudo de la camorra), donde los vivos tomaban un cráneo con el que mantenían una conversación muy cariñosa salpicada de besos, caricias y confidencias a media voz.

Y si, esto no es suficiente, hoy en día, el día de Todos los Santos la familia napolitana al completo sale 
para merendar sobre la tumba de sus antepasados. Podemos imaginarnos extender el mantel a cuadros sobre la tumba de los abuelos, apartando las flores para poner las tortillas, las ensaladas, la gaseosa, el vino,… Picnic con los tatarabuelos. ¡Planazo!

Siguiendo esta línea vampiro-religiosa, aunque tengo vicios, la escatología gore no es uno de ellos pero 
no pude resistirme a visitar la Catedral de Nápoles, consagrada a San Genaro aunque no fuera el 19 de septiembre, día en que se produce la tan esperada licuefacción de la sangre de San Genaro.

Este buen hombre, Genaro, obispo de la zona por el año 305 (Sara Montiel ya era reconocida como una 
artista en los cabarets de Pompeya , Nápoles y Palermo) fue decapitado por los romanos. Dos ancianas (¡anda que no tendrían otra cosa que hacer¡, me las imagino chismorreando por la via vespucci poniendo a caldo a la vecina, cosiendo unos calcetines “al suo fillo”) recogieron un poco de sangre en dos ampollas de cristal.

Actualmente, cada 19 de Septiembre, en medio de un gentío exaltado y vociferante, se puede ¿ver? 
un pequeño coágulo seco del que se escapa un sutil hilo de lo que parece ser sangre. Cuanto menos tarda la sangre en licuarse más próspero se anuncia el año para Nápoles y los napolitanos (por eso el oficiante suele venir con las manos calentitas para no parecer gafe y que el coagulito de marras se caliente antes, no le deje en ridículo y le echen la culpa de que el Nápoli FC baje a segunda, que suban las hipotecas y, lo que ya sería “incredibile” como dicen ellos, que el Vesubio se vuelva a poner calentito -aunque podría ocurrir porque con las turistas que suben,… (perdón Bibiana, lo reconozco, ha sido un chiste grosero, fácil, machista y políticamente incorrecto, indigno de un estudiante de colegio de curas, pero…)… .

Si todo esto parece todavía poco, conforme paseas por el barrio ves carteles tamaño electoral con 
las esquelas de los últimos vecinos que han abandonado su querido y destartalado barrio, eso sí, con el correspondiente anuncio de la funeraria y el programa de los actos religiosos. Los carteles, fotos y listado de familiares que rogaban por el alma de Rita Pepe, 67 anni y Fumo Rosa 82 anni (no me invento los nombres los apunté en la libreta que me compré una vez que ví que esta ciudad iba a dar juego) me acompañaron y guiaron por los vericuetos del barrio de Gerolimini.

Hablando de carteles, otros que ves y que te llaman la atención son los electorales: 

Por un lado los de la oposición, normalitos, con un señor con pinta de bueno, pero sosito, que se hace 
llamar Sr. Luca y con el lema, sosito como él, de “Luca per Caldore” (¿alcalde? de Napoli).

Por otro lado los del Polo de la Libertá, de Berlusconi, con una candidata que es una pedazo de modelo, 
Emanuella Romano, “la tua Emanuella per Caldore” -¡¡cómo suena¡- (Lo sé, Ministra Aído, voy a volver a ser machista, pero…viendo los dos carteles, siendo una persona de centro, de los indecisos, de los que me parecen todos iguales, de los que hacen ganar las elecciones, acabo votando como Javier Sabina quien cantaba eso de que “de las dos majas de Goya, prefiero la misma que tú”-.

Las casas están abiertas a la calle, cocinas y salones abiertos de par en par con lo que puedes –si eres 
un poco cotilla y saludas con un “amabile” “buono giorno”, como es mi caso- hacer un pequeño
estudio etnográfico de lo que se come, los batines que llevan las napolitanas, las zapatillas de estar
en casa de los napolitanos o los azulejos de la cocina –esos de toda la vida…- . Además, si les dices que eres español, saltan como un resorte diciendo algo así como “grande la scuadra espagnola, grande Xavi, porca miseria l’azurri”.

Una cosa que me prometí cuando volviera a España es mandarle una carta a la Ministra de Cultura, 
Gonzalez Sinde(sdescargas) para que no visite esta tan extraordinaria como caótica ciudad porque a lo mejor le da un sofoco al ver que por la calle se venden libros, discos, sin pagar derechos de autor algo que según la Santa Madre Sociedad General de Autores Española es pecado mortal, de los gordos, y te ponen como penitencia escuchar los grandes éxitos del Fari (y pagar los royalties correspondientes) atado a una silla para que no te puedas escapar.

Cuando veo el reloj de la Piazza Bellini me doy cuenta que son las cinco de la tarde, no he comido (ni falta que me 
ha hecho) y que tengo una terrible sed. Entro en la primera tasca que me parece atractiva, Casa Bello, donde, como no, la cocina está abierta a los comensales. El camarero no tiene prisa. Yo tampoco. Observo el comedor con fotos del Napoli FC, del Vesubio, un cartel que dice “Si é aperto il manicomio”, una pareja de franceses mirándose arrebolados con cara de franceses arrebolados mientras se toman una cerveza Perroni de 660 cc.

En cuanto pillo al camarero, le pido en mi correcto italiano de Iturrama “una birra molto grande y molto freda” 
mientras señalo la de la pareja francesa por si no entiende. Llega la cerveza, Molto freda como se la había pedido, y mientras me atiende y pido unos gnocci a la sorrentina y los preparan voy bebiéndome la botella como si fuera agua. “Cerveza Perroni. L’Historia de una passione” dice la etiqueta en la que se ve el resultado de Italia 2 –Nigería 0 del Mundial del 94 en Estados Unidos que ganó Italia (y que recordaremos por el famoso codazo de Tassoti a Luis Enrique).

Acabo tomándome una segunda botella mientras pienso que hay momentos como ese, instantes únicos, 
irrepetibles, que deben de ser lo que llaman felicidad.

Tomado el café expreso –una especie de avecrem de café-, pago la cuenta, me enfundo mi camiseta
de “La Roja” y salgo a la luz con una alegría,… un dejarte llevar…,…un no se qué… que voy bajando al puerto de Nápoles, como el Virrey de Nápoles y la Navarra, con los ojos brillantes y una sonrisa bobalicona tarareando una de las más famosas canciones napolitanas, de 1898, popularizada por Enrico Caruso, napolitano ilustre:
‘O sole mio 
sta ‘nfronte a te! 
‘O sole, ‘o sole mio 
sta ‘nfronte a te, 
sta ‘nfronte a te!

En el camino de vuelta, en el que todo parece aún más fantástico, cosas de la birra Perroni, me encuentro con
tres chicas francesas con pinta Beca Erasmus, que me saludan con un “Allez l’Espagne” quedándome en un tris (mi sentido del ridículo es casi nulo pero la visión inquisidora de San Genaro me detiene) de pedirle un baile a la morena en plena calle.

Arrivederci Napoli, fascinante y desconcertante, arrinconada y a veces desdeñada, sufriendo las
consecuencias de su mala reputación, único lugar donde es posible esta filosofía de la vida, un apetito de vivir desesperado, una mezcla de ironía y de fatalismo, barroca y excesiva en todo, desde los edificios hasta los dulces y helados. Todo aquí despierta los sentidos y estimula el espíritu algo que solamente se produce con la mezcla y contaminación de culturas y personas -genio griego, el espíritu romano y pasión española a partes iguales–. Y todavía hay algunas tribus en Europa que buscan purificar su raza…

Conforme se aleja ya el barco me viene a la cabeza la historia de las famosas “Cuentas del Gran Capitán”, 
que presuntamente transcurrió en Nápoles, mientras preparaba el embrión de lo que serían los Tercios de Flandes y el dicho que a propósito circulaba de que:


España fue mi natura, 
Nápoles mi ventura, 
Flandes mi sepultura.

A mi solamente me queda decir que 

espero que os haya entretenido leerlo 
como a mí escribirlo 
y, sobre todo, vivirlo¡ 

5 ó 6 de Julio, ya no me acuerdo; del 2010, eso seguro. 


Pd. El barco salía a las 19.00 y me quedé con ganas de asistir al último espectáculo de Sara Montiel (aunque desde que sale con un joven apuesto napolitano 1937 años más jóven que ella, dicen en las calles del barrio de Emmanuelle, que ha perdido mucho).

Tarantela Napolitana (Acto Primero)

Las opciones eran tres: la primera, una visita a la isla de Capri donde veranea el famoseo, los quioscos de 
periódicos son diseño Dolce y Gabanna y el papel de baño de Ives St. Laurent –. Era prescindible, mi relación con Donatella Versace no pasaba por su mejor momento y ya me compraría alguna revista del corazón. Seguro que me enteraba de más y más barato-;

La segunda, las ruinas de Pompeya para ver cómo en el año 79 DC (Sara Montiel comenzaba a dar 
sus pasitos cantando) quedó una inmensa ciudad tras la erupción del Vesubio y que al que pilló visitando a Roca (no sé la marca de aquella época) allá quedó sepultado en lodo y ahora los turistas de hoy podemos ver su molde;

La tercera, perderme por Nápoles y ver vivos normales (o, al menos eso pensaba yo). Estaba claro. 
Y dispuse a darme un garbeo por Nápoles.

Según pones pie a tierra eres consciente de que estás en otro mundo. Una jauría de taxistas sin licencia 
te asaltan –colándose los unos a los otros, metiéndose unos paquetes de agárrate que hay curvas entre ellos, gesticulando como solamente saben hacerlo los napolitanos- ofreciendo llevarte a Pompeya por 40 euros. Cuando les dices en correcto spagnolo que lo que quieres es pasear por la ciudad, insisten: por 20 euros está usted en la puerta de Pompeya. Que no¡ que me voy de paseo por Nápoles.

Los pasos de cebra son orientativos, decorativos, dan al peatón una idea de por dónde pensaba el que
los pintó que podían pasar, pero cruzarlos –y como hice yo, mirando un mapa de la ciudad- es jugarse la vida. Empieza ser más fácil cuando aprendes que un bocinazo en napolitano significa “¡quítate, qué voy¡”
y dos bocinazos “¡si ya te lo había advertido¡”. Menos mal que siempre quedan las “areas pedonales” que, aunque alguno haya pensado alguna cosa diferente, son para poder pasear andando.

Según algunos, Nápoles es la ciudad más bella del mundo (yo soy uno de ellos); según otros, un laberinto 
ruidoso y horrible (también lo comparto, pero es que Nápoles es ambas cosas) de gente bulliciosa, mercados y puestos de comida al aire libre, ropas tendidas, calles estrechas, iglesias que aparecen escondidas entre rincones, griterío de la gente, motos y más motos...

Prometo que ví un señor en moto sin casco, con la mujer detrás sin casco, con la hija de pié entre el conductor 
y el manillar sin casco, hablando por el móvil que, hábilmente sujetaba con el hombro y la mejilla mientras saludaba a un supuesto amigo carabinieri que patrullaba por la acera.

Es cierto que si se visita sólo con los ojos, es muy probable que sus calles -de limpieza un tanto dudosa (que
fino me ha quedado), guarras como mi ciudad, Pamplona, un 7 de Julio, San Fermín, a las dos de la tarde-, sus deteriorados palacios reconvertidos en casas –que recuerdan vagamente a las calles de La Habana- y su circulación caótica te pongan “un poquillo nervioso”.

Yo, que llegaba por primera vez, tuve la impresión de que los napolitanos se divierten dando vueltas
sin cesar en sus coches, un curioso ballet al ritmo de unos cláxones que dura hasta las cuatro de la mañana.

Al centro histórico se llega por la Via Toledo en recuerdo del Virrey Pedro Álvarez de Toledo y Zuñiga que, 
además de hacer muchas obras buenas en Italia y tener una descendencia extensa, parece que no pudo resistirse a los encantos de las damas locales.

Se ve que el Ilustre Virrey le gustaba bailar la tarantela napolitana cuyo nombre tiene su origen en la 
Edad Media, en que la que se pensaba que el remedio para librarse de la picadura de una araña muy venenosa, era moverse mucho y bailar por tres o cuatros días, para que a través del sudor se eliminaran las toxinas del veneno.

Don Pedro y una bella dama napolitana casada debieron bailar mal -o dar algún paso equivocado- 
porque las toxinas de la hermosa dama napolitana casada no se eliminaron del todo y de ese baile,
nació un hijo bastardo en 1536. Raphaelin le pusieron al tierno a la par que ilegítimo infante.

Volviendo a Nápoles, la Via Toledo ha sido durante mucho tiempo la principal calle de la ciudad desde
que los virreyes españoles -como en esa clase de historia de 1984 estaba embobado mirando a la morena que me gustaba, no me acuerdo si eran Austrias o ya Borbones- eliminaron los muros defensivos erigidos por la Corona de Aragón-.

A lo largo de la vía Toledo, calle donde se juntan el mayor bullicio, ruido, napolitanas, vendedores 
ilegales, hábiles carteristas por metro cuadrado -alrededor de la estación central se extiende el mayor
 mercado de mercancías robadas de Europa occidental-, se instalaron todas las principales familias nobles
con sus palacios, mientras que el espacio entre la Via Toledo y los nuevos muros se construyeron viviendas militares (I Quartieri Spagnoli, los barrios españoles). La ragazza de información y turismo se ofendió cuando pregunté si había zonas en las que había peligro de robo. Debió pensar que, con las pintas que llevaba, poco me podían quitar.

Ahora todos estos palacios se han convertido en casas populares, con calles de una anchura de 3 metros en las 
que se puede ver la mayor exposición de lencería fina y gruesa, moderna y paleolítica, masculina y femenina que te puedas imaginar. Paseando por esas calles que además de estrechas son empinadísimas, fui paseando y jugando a adivinar el sexo y edad de los/as que vivían en cada casa.

Cuando veía unas enaguas de color beige, unas bragas y sujetador años setenta y unas tanguitas y 
minisujetadores de color rojo con encajes primorosos, suponía que vivían las tres generaciones de mujeres de la familia –abuela, madre y nieta-.

Cuando veía –disculpad por el crudo realismo descriptivo- media docena de calzoncillos más bien roñosos 
y con zonas de claroscuros, me imaginaba un piso de estudiantes. Cuando lo que colgaban eran una colección de impecables Calvin Klein y las multicolores braquitas y sujetadores imposibles, me imaginaba a unos recién casados. ¡Hay que estar colgado para ir haciendo esto…¡ pensaba yo, venir a Nápoles a ver bragas y calzoncillos, pero ¡¡Y lo bien que me lo pasé¡¡

En fin, dejemos la ropa interior de los vecinos de este barrio con una última curiosidad: en un momento 
dado me dí cuenta que había señales de dirección única y de prohibido el paso legales y otras “hechas a mano con madera”. Está bien esto de que los propios habitantes del barrio organicen el tráfico en su zona –para que las motos, los coches no pasan, no pasen por su casa haciendo ruido-. Se lo propondré a la alcaldesa de mi ciudad dentro de su programa de participación ciudadana: “¡Ponga usted las señales en sus calles¡”.

Continuando el paseo por las vias Tribunali y Vicaria, las carnicerías, abiertas a la calle, como casi todo, 
mostraban toda la variedad de casquería que uno se puede imaginar, sesos, hígados, cabezas de “porco” que te haría escapar sino fuera porque que quien la regenta es una bellísima napolitana morena, con unos ojos negros, negrísimos que hipnotizan y con una delantera que no tenía la scuadra azurra que ganó el mundial de España 82 (míticos Conti, Graziani y Rossi). ¿será porque, como dicen, en la antigüedad, las mujeres de Nápoles salían en las noches de luna llena a los balcones para que sus pechos fueran más voluminosos?- En aquella época las plazas de sereno del Ayuntamiento estarían solicitadísimas (pido disculpas a la Ministra Aído en particular y miembras en general por este comentario machista impropio de un cultivado universitario ibérico pero…)-

Futbol e Iglesia. Nápoles es una ciudad con dos religiones mayoritarias –y curioso, no excluyentes, 
para que aprendan las demás-: la católica con San Genaro como patrón y el fútbol con San Maradonna como protomartir-.

Empezamos por un poco de fútbol. Cuando ves esta ciudad entiendes las palabras de Eduardo Galeano, 
gran escritor uruguayo que nunca recibirá el Nobel aunque se lo merezca porque no baila al son que la Academia Sueca desea y que demuestra (yo pensaba que no podía ser… y me tranquiliza…) que puedes ser un gran intelectual y morirte por los colores de tu equipo (ya solamente me falta volverme un intelectual)..

Eduardo, cuando Maradona fue arrestado y encarcelado por consumo de coca durante el Mundial de 1994,
escribía que “En Nápoles, Maradona fue santa Maradonna y san Gennaro se convirtió en San Gennarmando. En las calles se vendían imágenes de la divinidad de pantalón corto, iluminada por la corona de la Virgen o envuelta en el manto sagrado del santo que sangra cada seis meses, y también se vendían ataúdes de los clubes del norte de Italia y botellitas con lágrimas de Silvio Berlusconi. Los niños y los perros lucían pelucas de Maradona… … Hacía más de medio siglo que el equipo de la ciudad no ganaba un campeonato, ciudad condenada a las furias del Vesubio y a la derrota eterna en los campos de fútbol, y gracias a Maradona el sur oscuro había logrado, por fin, humillar al norte blanco que lo despreciaba. Copa tras copa, en los estadios italianos y europeos, el club Nápoles vencía, y cada gol era una profanación del orden establecido y una revancha contra la historia”.

Bonito, no? Me aprovecho de este gran uruguayo pero es que cuando ya hay alguien que lo cuenta tan bien, 
para que voy a estropearlo.

Y si dejamos el fútbol, ¿que queda? la Iglesia. Será en el Segundo Acto.